Un buen solo es lo más cercano que puede haber a la eternidad rockera. Cuando el guitarrista toma la batuta de una canción y despliega sonidos contundentes, etéreos, agresivos o melancólicos (según la ocasión y según el oído) realmente uno piensa que el rock salvará al mundo. Por eso existe la guitarra imaginaria y no, por ejemplo, el bajo imaginario.
Y así como en los buenos goles, las buenas borracheras o los buenos polvos, no existe un modelo fijo para calificar un faena guitarrística como perfecta. Algunos Solos son tan imposibles como el amor y otros lucen sencillos como el amor. Por eso detesto a quienes miden la destreza de un guitarrista en base a cuántas notas toca por segundo; que se entienda: rapidez no siempre es destreza, metalerito. El siguiente atrio de los mejores solos de guitarra es, como todo en el rock y más allá, encantadoramente discutible (Dios nos libre alguna vez de estar todos de acuerdo sobre música), el único criterio reinante es la capacidad que han tenido estos minutos de éxtasis guitarrero para conmover a éste, su radiopostal amigo, ya sea dejándolo con la boca abierta ante tanta destreza o animándolo a probar un resultado similar con las seis cuerdas y fracasando en el intento. Disfruten, comulguen o pataleen con la selección.
Puesto 5: Money de Pink Floyd (Solo Man: David Gilmoure)
Puedo decir que detesto el denominado rock progresivo casi en su totalidad. Pink Floyd, para este servidor, representa en gran medida la pomposa vacuidad de un género que, solito nomás, se puso la indulgente etiqueta de “Música selecta para gente profunda” Pamplinas! Tampoco le vi mucha gracia al Dark Side of the Moon el álbum considerado por muchos la obra maestra de lo conceptual. Pamplinas, de nuevo. Para eso Tommy de The Who. Pero a pesar de toda la bilis soltada progresivamente con el género-banda-disco es imposible no rendirse ante Money, una canción de una cadencia casi funky merced del bajo y la batería pero donde la vedette sin duda es la intempestiva arremetida de David Gilmour con su viola. Ninguna versión en vivo es tan contundente como la de estudio así que a bajarse el tema (No recomiendo el disco entero por las razones arriba expuestas).
Puesto 4: Layla de Eric Clapton (Solo Man: ¿quién crees?)
Dejando de lado todo el morbo que tiene el tema por ser el primer movimiento de la estrategia de Clapton para quitarle la esposa a su amigo George Harrison (en el cielo, como los de Néctar)Layla es la muestra eterna de lo que hizo grande al guitarrista inglés: su fidelidad (irónico) al Santísimo credo del Blues al momento de disparar notas en su Fender Stratocaster y aunque, en definitiva, el buen Eric tiene cientos de solos memorables me quedó con este porque… pues porque es el que más me gusta.
p.d.- La versión del Unplugged es estupenda, también.
Puesto 3: Stairway to Heaven de Led Zeppelin (Solo Man:Jimmy Page)
Estar dentro de una de las canciones de rock más grande de todos los tiempos le da ya puntos ganados a este Solo incluso antes de oírlo con especial atención. La principal virtud aquí es que Jimmy Page –quién desde un comienzo mostró que sus límites con la guitarra eran galácticos- economiza detalles en un Solo cuyo encanto es ser un puente sutil entre la delicadeza de la primera parte del tema y la lisérgica explosión del final. Claro, con Bonzo en la batería secundándote ¿quién no? únicamente Jimmy Page, hermano. Impresionante.
Puesto 2: Highway to Hell de AC/DC (Solo Man: Angus Young)
Mi canción de rock favorita y mi guitarrista favorito. Angus Young y su banda de alto voltaje representan para mí el punto perfecto entre virtuosismo y sentimiento (adjetivos muchas veces reñidos en el mundillo del rock) Secundado por un riff contundente, el pequeño Angus se desliza en el escenario sintetizando muchos años de rock and roll, Hard Rock, Metal y hasta Punk en dos minutos. Al verlo uno siente que ¡es cierto! Un buen solo de guitarra transforma hasta al más desgarbado en un Dios instantáneo.
Puesto 1: Johnny B. Goode de Chuck Berry (Solo Man: ¡No va a ser!)
El mejor sólo de la historia porque, gracias a él, la guitarra pasó de ser un instrumento más a convertirse en la beldad dueña de todos los adjetivos grandilocuentes que luego adquirió dentro del rock and roll. Muchos han afirmado que no se puede ser rockero sino sabes tocar lo que el buen Chuck hacía mientras bailaba como pato en el escenario. Pueda que Elvis sea el Rey pero sin Johnny B. Goode y otros temas como éste, el rock and roll habría sido sólo una moda tan efímera como un burdo pedito.Go Go, Go Johnny Go!!!
El primer álbum autotitulado de la banda madrileña es uno de los principales exponentes de lo que se conoce como La Movida (no la de Jeanet sino la española, para mayores señas aquí) y el primer grito de cuatro jóvenes que hacían de la música un pasatiempo tan poco saludable y encantador como fumarse un porrito, visitar un bar o conquistar chicas… para perderlas por un Mamón.
Y es que, si hay algo que le da grandeza a este álbum tan sencillito, es la capacidad de retratar –desde su lanzamiento y a través de los años- en diez canciones la esencia de una juventud-adolescente y sus contradictorios axiomas. Ahí están los arrebatos de orgullo ante una chica que nos deja (No lloraré), la pose de tímidos para enternecer a la culpable de nuestros más húmedos deseos (Dejad que las niñas se acerquen a mí) elperder toda dignidad ante una mujer (vuelve a mí) y la promesa de sacarle la gran puta al imbécil que nos atrasó (ya tú sabes cuál canción)
“En esa época sólo hacíamos canciones para ligar” ha dicho David Summers, bajista y líder de los Hombres G acerca de este álbum; de seguro que muchas cayeron, maestro, pues las letras sencillas y las melodías pegajosas suenan tan familiares que resulta casi imposible no identificarse con una producción perfecta para regalarle, envueltita y con beso, a la chica que te afanas o para escuchar tomando una cerveza con tu pata del alma mientras despotricas bilis contra la $%·/%$$@ que te dejó.
Dos canciones escapan a esa sensación de espíritu adolescente (¿Cobain? ¡JA!)que tiene el disco. Matar a Castro, un tema que Summers de seguro hizo como quien practica el onanismo: de un trascendental tirón. La canción –historia de una niña cubana que planea asesinar al barbón- motivó que muchas agrupaciones anti-castristas quisieran hacer de Hombres G su banda emblema. Por suerte los madrileños aclararon que el asunto era una joda para Tinelli y nada más. El otro tema es Lawrence de Arabia y nada más que decir excepto que estaba inspirado en la película de 1962 dirigida por David Lean . Ambos sirven para dar un respiro ante tanta palta amorosa… por un momento.
Tras esosadorables lunarcitos el álbum cierra con No te puedo Besar, la mejor del disco, cantada por un baterista que siempre tuvo cara de pendejo pero que desnuda toda su sensibilidad en una canción que da ganas de vivirla una y otra vez en una tarde joven donde lo más importante era querer a alguien. De esas canciones que siempre suenan ciertas no importa el año que marque el calendario. Es cierto, sabiondo: el álbum cierra oficialmente con Sin Ti, una preciosa balada pero para éste, su Radiopostal amigo, es con el tema anterior donde el disco culmina con calificación redonda.
Un disco tan bueno como verla pasar y mirarla sin que se den cuenta, ni ella ni tus amigos de barrio, con los que compartes los primeros puchos en una noche donde a pesar de que tienes que acostarte temprano, el tiempo es genial. Canta con nosotros, baila, que no os de vergüenza…
Tres décadas antes de que los White Stripes irrumpieran en escena, una pareja de hermanos -chico y chica- ya colocaban sus canciones en las listas de popularidad.Pero a diferencia de los hermanos White, no había nada de controversial en Karen y Richard Carpenter, ni en su apariencia ni en sus canciones. Es por eso que durante muchos años mantuve oculto, incluso para mí mismo, el gusto por las cursis baladas sensibleras de The Carpenters. Por suerte, no hay roche que dure cien años y una tarde, viendo tele con mis sobrinos, me encontré con un documental sobre el dúo al cual me quedé pegado incluso después de que los adorables hijos de mi hermano me mandaran soberanamente al diablo por no hacerles caso.
Años después de haber escuchado a The Carpenters en un viejo casette me volvía a encontrar con temas como Rainy days and Mondays, Please mr. Postman oTop of the World. Gracias al cielo de las baladas, esta vez pude apreciar la oculta y delicada orfebrería tras la aparente facilidad de esas canciones.
Y es que la música del dúo siempre se sostuvo en dos elementos angulares: la destreza de Richard para crear arreglos sutiles guiados por las románticas escalas en su piano y la increíble voz de Karen -una de las pocas que logran conmover a éste, su radiopostal amigo- una voz que sabía mantener en calma evitando las subidas de tono y demás artilugios salvo cuando el giro le daba magia a la canción (algo que deberían aprender muchas, innecesariamente estridentes, pop stars de hoy)
Pobre y bella Karen, trágico tu destino de ser anoréxica en una época en la cual dicha enfermedad era aún desconocida e intratable, de no haberte ido en el 83 de seguro Richard y tú aún podrían habernos regalado un par de frágiles melodías siempre necesarias hasta para el más agrio corazón. Melodías que hoy, sin querer queriendo, encuentran eco en artistas indies como Belle and Sebastián y otros que continúan con la humana, muy humana, costumbre de hacer canciones bonitas para inviernos tristes.
Canciones como Close to you, que para el radiopostal es la mejor balada pop de todos los tiempos o cuando menos el fondo perfecto para echarse a soñar, sufrir, vivir y morir por el recuerdo de alguna época donde le declarabas tu amor a alguien imaginariamente en tu cuarto antes de dormir, mientras el casette de The Carpenters seguía sonando a través de la noche.
En tiempos de baladas tan faltas de sentimiento con letras que son poco menos que la declaracion de amor del chancon de la clase (REIK??) es bueno recordar una de esas canciones que despiertan al masoquista que llevamos dentro. toma mientras!
No encontre la version original con el gran Germain de la Fuente (preguntenle a sus madres a ver qué dicen) pero bueno… se hace lo que se puede.
Había leído tanto sobre el Pet Sounds, la obra maestra de los Beach Boys que cuando por fin pude conseguirlo –en casette pirata nomás- demoré varios días en animarme a escucharlo. Muchas expectativas no cubiertas a la primera… ya para la tercera vez que sonaba era mi disco favorito.
Un poco de historia: Los beach Boys eran un grupo que, como tantos otros conjuntos gringos en los sesenta, intentaban emular el éxito de los beatles y lograr ser una banda que respondiera a la beatlemania. No lo lograron pero en cambio consiguieron en el camino un sonido que mezclaba a Bach con el surf y a los coros de iglesia con Chuck Berry.
Sin embargo para mediados de los sesenta su principal compositor Brian Wilson, cansado del ruido de las giras, decidió quedarse en un estudio de grabación en Estados Unidos mientras el resto viajaba a su primera gira por Europa. El resultado fue un puñado de canciones que grabó junto a otros músicos y que los chicos de la playa, a su regreso, tomaron con bastante recelo pues se alejaba al sonido surf que los había llevado al éxito.
Pero el disco se lanzó y aunque no tuvo la pegada de otros fue convirtiéndose con el tiempo en uno de los mejores de la música pop del siglo pasado. Es ya sabido que el Sargento Pimienta de los Beatles nació de la pica de McCartney ante las melodías de Brian Wilson y que la encuesta de
la Rolling Stone lo puso en segundo lugar de los mejores discos de la historia detrás justo de la obra maestra de los Beatles (aquí mi fanatismo por los de Liverpool no me ciega al pensar que Pet Sounds debe estar primero) Pero bueno, para historia hay miles de páginas donde encontrar hasta el proceso de grabación de cada canción del Pet Sounds.
Lo importante para mí es la tristeza que, paradójicamente, ha dado tantos buenos ratos a siempre variable estado de ánimo. Wouldn’t It Be Nice, el primer tema, es de las melodías más bonitas jamás hechas pero es solo un gancho para meternos en el mundo de penas de amor y nostalgia por otros tiempos que abunda en el disco. El resto de canciones son tristes, melancólicas, tanto que te hacen sentir que Brian Wilson, sin querer, también cantaba sobre tus paltas amorosas y existenciales. No importa si no entiendes ingles, los arreglos de cuerdas y esas voces tan perfectas (Sloop John B. tiene el mejor arreglo vocal de la historia, sí, más que Queen) harán que todo encaje a la perfección en poco más de media hora a borde de la lágrima. Para oírse entero y tirado en la cama. Al final una sonrisa después de tanta atmósfera azul.