Si un día, radiopostal, un señor en la calle te para y pregunta por un video maestro hecho con poco dinero, ponle este. Indy rock, pop perezoso, Pavement. Aunque no soy gran fanático de la banda, el disco de donde proviene esta canción (Crooked rain, crooked rain) sigue siendo de mis favoritos para escuchar tirado en la cama, retozando en la más prístina flojera.
Cuatro idiotas y una dama, dando vueltas por la ciudad. La alegría de un reencuentro veraniego. Risas, las bromas más estúpidas que en boca de los idiotas y la dama suenan a filosofía de puerto. De pronto una canción, sin pedir permiso, una canción suave entre una seguidillade cumbias y salsas se cola, faltosa, como invitada que nadie llamó. Pero que nadie bota. Y todo es silencio, cada quien con su propia historia y mirando por las ventas del auto viejo inundado ahora de una melancolía inesperada. De esas cosas buenas que tiene una canción. Suspenderte de todo para hacerla tuya.
La vuelta a los escenarios de Soda Stereo ha opacado en los medios el retorno de otra gran banda que también se reúne diez años después y por los mismos insanos motivos que los argentinos: Money, that’s all i want!
Héroes del Silencio ha vuelto con todos los excesos y demonios de una banda a la que se le puede rotular sin roche el cartel de “maldita”. Oscuros y controversiales estuvieron durante una década en boca y oídos de toda España y gran parte de Latinoamérica, tanto por sus contundentes producciones como por su arrogancia dentro y fuera de un escenario. Desde su primer disco El Mar no Cesa, publicado en 1988 –y con claras influencias de The Cure y otras bandas similares- quedaba claro que lo suyo no era para complacer a nadie. Sus canciones eran el grito inconforme de cuatro jóvenes sin muchas ganas de caerle bien a la gente. Sus letras, más que introvertidas confesiones, eran como provocadoras cachetadas saliendo por los parlantes directo al rostro de los fanáticos, que hallaban en Bunbury y compañía un tótem donde exorcizar sus propios demonios.
Al mencionado debut se le suman tres producciones más: Senderos de traición (1990), El espíritu del vino (1993) y Avalancha (1995) en las cuales pasaron de un sonido Dark inicial a surcos más agresivos siempre con la voz de Bunbury rugiendo furiosa las contradicciones de su alma.
Para cuando se separaron en el 96 la relación entre los integrantes era poco menos que un desastre (si no solían tolerar mucho a la gente y a la prensa eran mucho menos condescendientes con sus propios egos) A partir de ahí solo Enrique Bunbury siguió una carrera exitosa a base de mezclar ritmos de distintas latitudes con su particular forma de ver el rock and roll.
Pero el dinero lo puede todo y, teniendo como excusa el décimo aniversario de su separación,Héroes del Silencio vuelve al ruedo para dar una lección de actitud ante tantos chiquillos jugando a misteriosos por simplemente llevar rimel en los ojos. Y aunque ¡Oh, novedad! su gira de retorno no llegará a tierras peruanas -mientras que en países como México vienen de actuar dos noches seguidas ante 60 mil personas- el regreso de los malditos supone una buena excusa para (re)descubrir esos álbumes llenos de inconformismo, ansiedad y desesperanza. Anímate, radiopostal, a conocer el lado oscuro de la madre patria.
Hubo una época en la que las estrellas de rock eran íconos auténticos de contracultura. En aquellos días los ídolos musicales solían ser peligrosos, controversiales y realmente unos hijos de puta, es por eso que muchos de ellos colmaban tanto las páginas de espectáculos como las de policiales. Ahí están Jagger y Richards siendo arrestados cien veces por posesión de drogas, los de Led Zeppelin destrozando hoteles enteros y hasta el buen Lennon era sacado a patadas de algún bar en Nueva York por borracho y malandrín.
Pero si alguien se lleva las palmas o, mejor dicho, las macanas de los Tombos es el buen Jim Morrison. El Rey Lagarto era un poeta, un visionario, un artista conceptual pero también y además un vándalo que haría sonrojar de orgullo al mismísimo Misterio.
El líder de The Doors solía vivir al mismo frenético ritmo de sus mejores canciones, en busca siempre de una verdad lisérgica que lo acercase a la eternidad. Entre sus mocedades se cuentan decir “papá quiero matarte…mamá quiero cogerte” en pleno concierto, practicar sesiones de brujería y enseñar sus rockerísimos genitales en público. Toda una joyita que se fue del mundo en París y en aguacero como otro eterno poeta, nomás que Jim Morrison lo hizo por sobredosis y en su bañera. Todo un clásico.
Maldito nuevo siglo, qué ha pasado con las estrellas de rock. Contagiadas por el espíritu altruista del insufrible Bono, las bandas masivas abrazan ahora una causa y la defienden con ONG´s u otras tonterías. Maldito Chris Martin con tus cintitas pegadas en la mano hablando sobre el hambre en África mientras le pones ridículos nombres a tus hijos. ¿En qué momento se estableció eso de que los rockeros eran altruistas?
Sí, lo sé. Créeme lector que éste, tu radiopostal amigo, sabe de sobra lo que planeas decir sobre el buen uso de la fama y la necesidad de crear conciencia colectiva pero esos menesteres les vendrían mejor a otras personas. Si el rock y sus mártires han sido, desde sus inicios, una perfecta forma de canalizar las disconformidades propias del alma moderna ¿por qué pasarlas a la fila del buen comportamiento?
Sí, eso también lo sé. El radiopostal esta al tanto de que aún quedan bandas y cantantes que abrazan la actitud forajida old school pero apenas son maulladas de gatitos frente a los rugidos de mejores épocas para lo peor. Además el asunto nunca pasa de posesión de drogas o alguna borrachera y otras veces es una mera pose tan artificial como el brillo de escarcha. ¿Dónde, entonces, encontrar, una estrella que represente todo lo que de malo también tiene el mundo? Si hasta los hermanos Gallagher parecen ser ahora reformados angelitos.
Miro entonces hacía el lado menos pensado y ahí está: el símbolo de la rebeldía en estos tiempos modernos. Adivina adivinador… no… menos… fíjate que no. Con ustedes la reina lagarto de estos días:
¡Hey! Antes de que empieces a dejar de leer tu blog musical favorito con exagerada indignación piénsalo un momento. Qué otra estrella representa una postura abiertamente opuesta al “sistema” y a las reglas actuales del espectáculo y la vida. La otrora princesita del pop que arrancó suspiros, y sensaciones menos pueriles, vestida de colegiala inocente. La dulce niña que aseguraba llegar virgen al matrimonio, en fin la chica buena que, de repente, destruyó su prefabricada imagen en una vorágine de erradas acciones que acabaron por tumbar su reinado de ensueño cual castillo de naipes. Se casó en las vegas tras decenas de orgasmos desparramados por toda la ciudad. Empezó a salir con cuanta mala junta tocase su puerta y su cuarto. Enseñó la entrepierna ante el mundo entero, se hizo alcohólica, drogadicta, se rapó la blonda cabellera y lo más impensable para su estatus de Pop Star: ¡Engordó!
Britney ha destruido su carrera a punta de malos actos que incluyen un marido vividor y dos hijos que al parecer le resultan más accesorios que fruto de sus entrañas. En su regreso en los MTV Music Awards se le vio fuera de forma y bastante venida a menos. Esa imagen me hizo pensar en el buen Morrison subido de peso y con barba, exhalando los últimos minutos de su carrera. Y aunque resulta obvio que, por el lado musical, las comparaciones no existen de seguro el Rey Lagarto sonríe al ver a la oveja menos pensada tomando su negra corona de icono contracultural.
Britney Spears, nunca me has gustado tanto. Adoro tus rollitos que le hacen frente a la maldita imagen de perfección que se inculca entre tantas niñas alrededor del mundo. Prefiero ver tu imagen ebria litigando contra tu ex marido por la custodia de sus hijos a intoxicarme otra vez con un concierto masivo por salvar el medio ambiente. Gordita, eres la diosa que necesita el mundo del espectáculo para darle contrapeso a su lado hipócritamente rosa. Las palmas y las macanas de Tombo te las llevas tú por hacer lo que se te da en gana a la manera de los viejos forajas que, hastiados como yo, miraban en qué lugar tan aburrido se había convertido su mundo. Celebremos pues a Britney la nueva reina del viejo rock and roll… pero con una canción de The Doors.
Tres décadas antes de que los White Stripes irrumpieran en escena, una pareja de hermanos -chico y chica- ya colocaban sus canciones en las listas de popularidad.Pero a diferencia de los hermanos White, no había nada de controversial en Karen y Richard Carpenter, ni en su apariencia ni en sus canciones. Es por eso que durante muchos años mantuve oculto, incluso para mí mismo, el gusto por las cursis baladas sensibleras de The Carpenters. Por suerte, no hay roche que dure cien años y una tarde, viendo tele con mis sobrinos, me encontré con un documental sobre el dúo al cual me quedé pegado incluso después de que los adorables hijos de mi hermano me mandaran soberanamente al diablo por no hacerles caso.
Años después de haber escuchado a The Carpenters en un viejo casette me volvía a encontrar con temas como Rainy days and Mondays, Please mr. Postman oTop of the World. Gracias al cielo de las baladas, esta vez pude apreciar la oculta y delicada orfebrería tras la aparente facilidad de esas canciones.
Y es que la música del dúo siempre se sostuvo en dos elementos angulares: la destreza de Richard para crear arreglos sutiles guiados por las románticas escalas en su piano y la increíble voz de Karen -una de las pocas que logran conmover a éste, su radiopostal amigo- una voz que sabía mantener en calma evitando las subidas de tono y demás artilugios salvo cuando el giro le daba magia a la canción (algo que deberían aprender muchas, innecesariamente estridentes, pop stars de hoy)
Pobre y bella Karen, trágico tu destino de ser anoréxica en una época en la cual dicha enfermedad era aún desconocida e intratable, de no haberte ido en el 83 de seguro Richard y tú aún podrían habernos regalado un par de frágiles melodías siempre necesarias hasta para el más agrio corazón. Melodías que hoy, sin querer queriendo, encuentran eco en artistas indies como Belle and Sebastián y otros que continúan con la humana, muy humana, costumbre de hacer canciones bonitas para inviernos tristes.
Canciones como Close to you, que para el radiopostal es la mejor balada pop de todos los tiempos o cuando menos el fondo perfecto para echarse a soñar, sufrir, vivir y morir por el recuerdo de alguna época donde le declarabas tu amor a alguien imaginariamente en tu cuarto antes de dormir, mientras el casette de The Carpenters seguía sonando a través de la noche.
En tiempos de baladas tan faltas de sentimiento con letras que son poco menos que la declaracion de amor del chancon de la clase (REIK??) es bueno recordar una de esas canciones que despiertan al masoquista que llevamos dentro. toma mientras!
No encontre la version original con el gran Germain de la Fuente (preguntenle a sus madres a ver qué dicen) pero bueno… se hace lo que se puede.