Es de esas bandas que tiene fanáticos y detractores, con nada o muy poco al medio. Los Guns n´ Roses aparecieron como una patada en los huevos al excesivo maquillaje del rock de fines de los ochenta. Claro, radiopostales, ya para el fin de esa década tan muchas bandas daban vueltas de tuerca al rock de cabelleras con gomina y pantalones pegados, pero pocas como las de Axl Rose en cuanto a retornar a las raíces salvajes, rudas y peligrosas del rock and roll.
Lamentablemente no pasaron muchos años antes que la banda cayera en la grandilocuencia avalada por el impactacte Appetite for Destructtiony el billete y fama que la placa les supuso. Se embarcaron entonces en la concepción del Use you ilusión (I y II) un díptico que si bien contenía buenas canciones dejaba escapar lo sensual y filoso de su primera placa. Pasaron como tantos del “lo mejor donde menos lo esperabas” al “mucha esperanza para nada” llevando la agonía hasta el mil veces prolongado ChineseDemocracy. (el disco más esperado de la historia… ya pasó la década)
Sin embargo hubo una placa ignorada por la mayoría que, a juicio de este su radiopostal amigo, es una joya del rock and roll con tufo a cerveza, cigarros y noches de placer. Lies contiene apenas ocho canciones. La mitad provenientes de conciertos donde uno puede sentir lo que dijo de la banda el guitarrista de Aerosmith, Joe Perry “la gente los miraba, especialmente a Axl como recién salido de una jaula”. Trozos de hard rock setentero, riffs contundentes y hasta cierto aire (sucio) al punk más visceral hacen de esta mitad del álbum una de las mejores grabaciones en vivo que he escuchado.
Las cuatro canciones restantes son a guitarra pelada aunque igual de rotundas, con un Axl luciendo el mejor estado de su voz y a la banda tocando bien aceitada como piezas de una contundente maquinaria de hacer rock. Incluso en la balada Patiente y sobre todo en Youre Crazy uno puede sentir la adrenalina de estar frente a un gran grupo de rock and roll, sin trucos nuevos ni pretensiones estilísticas. Solo el olor a bar de mala muerte y la ciudad como una navaja entre guitarras estridentes y una voz que grita como si cada surco fuese el último. Así que en vez de esperar el retorno imposible de un Axl que no volverá a ser el mismo, bájate este disco y ponlo a todo volumen como un acto de auténtica rebeldía rockera… hasta que tu mamá te mande a callar.
El primer álbum autotitulado de la banda madrileña es uno de los principales exponentes de lo que se conoce como La Movida (no la de Jeanet sino la española, para mayores señas aquí) y el primer grito de cuatro jóvenes que hacían de la música un pasatiempo tan poco saludable y encantador como fumarse un porrito, visitar un bar o conquistar chicas… para perderlas por un Mamón.
Y es que, si hay algo que le da grandeza a este álbum tan sencillito, es la capacidad de retratar –desde su lanzamiento y a través de los años- en diez canciones la esencia de una juventud-adolescente y sus contradictorios axiomas. Ahí están los arrebatos de orgullo ante una chica que nos deja (No lloraré), la pose de tímidos para enternecer a la culpable de nuestros más húmedos deseos (Dejad que las niñas se acerquen a mí) elperder toda dignidad ante una mujer (vuelve a mí) y la promesa de sacarle la gran puta al imbécil que nos atrasó (ya tú sabes cuál canción)
“En esa época sólo hacíamos canciones para ligar” ha dicho David Summers, bajista y líder de los Hombres G acerca de este álbum; de seguro que muchas cayeron, maestro, pues las letras sencillas y las melodías pegajosas suenan tan familiares que resulta casi imposible no identificarse con una producción perfecta para regalarle, envueltita y con beso, a la chica que te afanas o para escuchar tomando una cerveza con tu pata del alma mientras despotricas bilis contra la $%·/%$$@ que te dejó.
Dos canciones escapan a esa sensación de espíritu adolescente (¿Cobain? ¡JA!)que tiene el disco. Matar a Castro, un tema que Summers de seguro hizo como quien practica el onanismo: de un trascendental tirón. La canción –historia de una niña cubana que planea asesinar al barbón- motivó que muchas agrupaciones anti-castristas quisieran hacer de Hombres G su banda emblema. Por suerte los madrileños aclararon que el asunto era una joda para Tinelli y nada más. El otro tema es Lawrence de Arabia y nada más que decir excepto que estaba inspirado en la película de 1962 dirigida por David Lean . Ambos sirven para dar un respiro ante tanta palta amorosa… por un momento.
Tras esosadorables lunarcitos el álbum cierra con No te puedo Besar, la mejor del disco, cantada por un baterista que siempre tuvo cara de pendejo pero que desnuda toda su sensibilidad en una canción que da ganas de vivirla una y otra vez en una tarde joven donde lo más importante era querer a alguien. De esas canciones que siempre suenan ciertas no importa el año que marque el calendario. Es cierto, sabiondo: el álbum cierra oficialmente con Sin Ti, una preciosa balada pero para éste, su Radiopostal amigo, es con el tema anterior donde el disco culmina con calificación redonda.
Un disco tan bueno como verla pasar y mirarla sin que se den cuenta, ni ella ni tus amigos de barrio, con los que compartes los primeros puchos en una noche donde a pesar de que tienes que acostarte temprano, el tiempo es genial. Canta con nosotros, baila, que no os de vergüenza…
Había leído tanto sobre el Pet Sounds, la obra maestra de los Beach Boys que cuando por fin pude conseguirlo –en casette pirata nomás- demoré varios días en animarme a escucharlo. Muchas expectativas no cubiertas a la primera… ya para la tercera vez que sonaba era mi disco favorito.
Un poco de historia: Los beach Boys eran un grupo que, como tantos otros conjuntos gringos en los sesenta, intentaban emular el éxito de los beatles y lograr ser una banda que respondiera a la beatlemania. No lo lograron pero en cambio consiguieron en el camino un sonido que mezclaba a Bach con el surf y a los coros de iglesia con Chuck Berry.
Sin embargo para mediados de los sesenta su principal compositor Brian Wilson, cansado del ruido de las giras, decidió quedarse en un estudio de grabación en Estados Unidos mientras el resto viajaba a su primera gira por Europa. El resultado fue un puñado de canciones que grabó junto a otros músicos y que los chicos de la playa, a su regreso, tomaron con bastante recelo pues se alejaba al sonido surf que los había llevado al éxito.
Pero el disco se lanzó y aunque no tuvo la pegada de otros fue convirtiéndose con el tiempo en uno de los mejores de la música pop del siglo pasado. Es ya sabido que el Sargento Pimienta de los Beatles nació de la pica de McCartney ante las melodías de Brian Wilson y que la encuesta de
la Rolling Stone lo puso en segundo lugar de los mejores discos de la historia detrás justo de la obra maestra de los Beatles (aquí mi fanatismo por los de Liverpool no me ciega al pensar que Pet Sounds debe estar primero) Pero bueno, para historia hay miles de páginas donde encontrar hasta el proceso de grabación de cada canción del Pet Sounds.
Lo importante para mí es la tristeza que, paradójicamente, ha dado tantos buenos ratos a siempre variable estado de ánimo. Wouldn’t It Be Nice, el primer tema, es de las melodías más bonitas jamás hechas pero es solo un gancho para meternos en el mundo de penas de amor y nostalgia por otros tiempos que abunda en el disco. El resto de canciones son tristes, melancólicas, tanto que te hacen sentir que Brian Wilson, sin querer, también cantaba sobre tus paltas amorosas y existenciales. No importa si no entiendes ingles, los arreglos de cuerdas y esas voces tan perfectas (Sloop John B. tiene el mejor arreglo vocal de la historia, sí, más que Queen) harán que todo encaje a la perfección en poco más de media hora a borde de la lágrima. Para oírse entero y tirado en la cama. Al final una sonrisa después de tanta atmósfera azul.