Un disco Macanudo: Guns N´ Roses –Lies (1988)
Es de esas bandas que tiene fanáticos y detractores, con nada o muy poco al medio. Los Guns n´ Roses aparecieron como una patada en los huevos al excesivo maquillaje del rock de fines de los ochenta. Claro, radiopostales, ya para el fin de esa década tan muchas bandas daban vueltas de tuerca al rock de cabelleras con gomina y pantalones pegados, pero pocas como las de Axl Rose en cuanto a retornar a las raíces salvajes, rudas y peligrosas del rock and roll.
Lamentablemente no pasaron muchos años antes que la banda cayera en la grandilocuencia avalada por el impactacte Appetite for Destructtion y el billete y fama que la placa les supuso. Se embarcaron entonces en la concepción del Use you ilusión (I y II) un díptico que si bien contenía buenas canciones dejaba escapar lo sensual y filoso de su primera placa. Pasaron como tantos del “lo mejor donde menos lo esperabas” al “mucha esperanza para nada” llevando la agonía hasta el mil veces prolongado Chinese Democracy. (el disco más esperado de la historia… ya pasó la década)
Sin embargo hubo una placa ignorada por la mayoría que, a juicio de este su radiopostal amigo, es una joya del rock and roll con tufo a cerveza, cigarros y noches de placer. Lies contiene apenas ocho canciones. La mitad provenientes de conciertos donde uno puede sentir lo que dijo de la banda el guitarrista de Aerosmith, Joe Perry “la gente los miraba, especialmente a Axl como recién salido de una jaula”. Trozos de hard rock setentero, riffs contundentes y hasta cierto aire (sucio) al punk más visceral hacen de esta mitad del álbum una de las mejores grabaciones en vivo que he escuchado.
Las cuatro canciones restantes son a guitarra pelada aunque igual de rotundas, con un Axl luciendo el mejor estado de su voz y a la banda tocando bien aceitada como piezas de una contundente maquinaria de hacer rock. Incluso en la balada Patiente y sobre todo en Youre Crazy uno puede sentir la adrenalina de estar frente a un gran grupo de rock and roll, sin trucos nuevos ni pretensiones estilísticas. Solo el olor a bar de mala muerte y la ciudad como una navaja entre guitarras estridentes y una voz que grita como si cada surco fuese el último. Así que en vez de esperar el retorno imposible de un Axl que no volverá a ser el mismo, bájate este disco y ponlo a todo volumen como un acto de auténtica rebeldía rockera… hasta que tu mamá te mande a callar.
