Romántica Resistencia

Octubre 7, 2007 at 10:46 pm (Recortaje)

 

Como toda banda que se respete, Mar de Copas tiene tantos detractores como fanáticos. Su estilo lleno de melancolía, hecho a base de canciones tristes -casi todas sobre un amor perdido- ha colocado al grupo como uno de los principales referentes de la siempre incierta e inconstante escena rockera nacional, dentro de la cual se ubican como un avis rara por su constancia y casi utópica terquedad de vivir solo y para la música.

Si tendríamos que escoger una sola palabra para definirlos sería nostalgia. Y no sólo por el aura de sus canciones sino porque ellos mismos parecen vivir anclados en una constante letanía de tiempos pasados. Se han mantenido fieles a un estilo que tiene sus orígenes en las baladas lastimeras de los setenta. Le han dado la espalda a todo intento de vanguardia o experimento musical para seguir abrazando el credo de una simple canción con estribillo y coro. Cuando la mayoría de artistas se rinden ante la revolución digital y buscan convivir con el mp3, ellos siguen creyendo en lo sagrado del disco como un objeto de valor sentimental. Nostalgia y resistencia a un tiempo que, como dice uno de sus temas, no pasa en vano.

Nacieron con retazos de otros grupos de géneros tan disímiles como el metal y el pop dulzón; incluso el carismático Wicho –inconfundible vocalista y frontman de la banda- empezó siendo solo un apoyo circunstancial en el ya prehistórico 1993. Sin embargo, una vez que hallaron el equilibrio no pararon de facturar canciones, atravesadas todas por esa onda de tristeza tanto en la lírica como en las melodías. Su guitarrista y principal compositor, Manolo Barrios siempre ha dicho que sus influencias van por el lado romántico antes que el rockero. Es por eso que encontramos ecos de Camilo Sesto y Nino Bravo en cada uno de sus siete discos.

Románticos en esencia no han hecho nunca concesiones en su forma de ver la música. Desde su primer videoclip (Mujer Noche, todo un clásico) se veía a una banda introvertida, que no sonreía al público ni hacía movimientos a lo Mick Jagger en el escenario. Le han huido a la mediatización ridícula y la publicidad a costa de vender el alma. Mientras que otros grupos  pugnan por  aparecer en cuanto programa de concurso existe, Mar de Copas rara vez se ha mostrado ante cámaras. Esta actitud -arrogante para muchos, estúpida para otros- no responde sino a una visión de la música como una profesión seria a la cual se dedican dejando la piel en ello.

Y a pesar de esta ausencia en los medios la legión de admiradores de Mar de Copas se cuenta por miles. Las denominadas “Listas” son grupos de personas que han acogido a las canciones y discos de la banda como parte de sus vidas sobre todo en Lima donde el paisaje gris, a ratos deprimente, parece ser el mejor escenario para las trágicas historias de amor perdido como balada de un encuentro fugaz  o tras esa puerta.

Pero así como existen fanáticos también hay detractores. La razón principal es la supuesta falta de evolución que le atribuyen al grupo. Todas sus canciones suenan igualitas dicen a viva voz quienes ven en Mar de Copas un ídolo de barro. Esto es cierto en parte, pero a juzgar por su trayectoria y la forma en que existen –casi subsisten- en la mediocre escena musical peruana, se puede afirmar que esa falta de evolución es más bien una fidelidad a sí mismos. Pocos bandas pueden, como ellos, tirar la primera piedra si buscamos quiénes están libres del pecado de hacer concesiones a su sonido con tal de ganarse unos minutos en la radio de moda o de alterar su imagen para rotar un video en MTV.

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