La Reina Lagarto

Octubre 7, 2007 at 11:02 pm (Yo tambien se jugarme la boca)

Hubo una época en la que las estrellas de rock eran íconos auténticos de contracultura. En aquellos días los ídolos musicales solían ser peligrosos, controversiales y realmente unos hijos de puta, es por eso que muchos de ellos colmaban tanto las páginas de espectáculos como las de policiales. Ahí están Jagger y Richards siendo arrestados cien veces por posesión de drogas, los de Led Zeppelin destrozando hoteles enteros y hasta el buen Lennon era sacado a patadas de algún bar en Nueva York por borracho y malandrín.

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 Pero si alguien se lleva las palmas o, mejor dicho, las macanas de los Tombos es el buen Jim Morrison. El Rey Lagarto era un poeta, un visionario, un artista conceptual pero también y además un vándalo que haría sonrojar de orgullo al mismísimo Misterio.

El líder de The Doors solía vivir al mismo frenético ritmo de sus mejores canciones, en busca siempre de una verdad lisérgica que lo acercase a la eternidad. Entre sus mocedades se cuentan decir “papá quiero matarte…mamá quiero cogerte” en pleno concierto, practicar sesiones de brujería y enseñar sus rockerísimos genitales en público. Toda una joyita que se fue del mundo en París y en aguacero como otro eterno poeta, nomás que Jim Morrison lo hizo por sobredosis y en su bañera. Todo un clásico.

Maldito nuevo siglo, qué ha pasado con las estrellas de rock. Contagiadas por el espíritu altruista del insufrible Bono, las bandas masivas abrazan ahora una causa y la defienden con ONG´s u otras tonterías. Maldito Chris Martin con tus cintitas pegadas en la mano hablando sobre el hambre en África mientras le pones ridículos nombres a tus hijos. ¿En qué momento se estableció eso de que los rockeros eran altruistas? 

Sí, lo sé. Créeme lector que éste, tu radiopostal amigo, sabe de sobra lo que planeas decir sobre el buen uso de la fama y la necesidad de crear conciencia colectiva pero esos menesteres les vendrían mejor a otras personas. Si el rock y sus mártires han sido, desde sus inicios, una perfecta forma de canalizar las disconformidades propias del alma moderna ¿por qué pasarlas a la fila del buen comportamiento?

Sí, eso también lo sé. El radiopostal esta al tanto de que aún quedan bandas y cantantes que abrazan la actitud forajida old school pero apenas son maulladas de gatitos frente a los rugidos de mejores épocas para lo peor. Además el asunto nunca pasa de posesión de drogas o alguna borrachera y otras veces es una mera pose tan artificial como el brillo de escarcha. ¿Dónde, entonces, encontrar, una estrella que represente todo lo que de malo también tiene el mundo? Si hasta los hermanos Gallagher parecen ser ahora reformados angelitos.

Miro entonces hacía el lado menos pensado y ahí está: el símbolo de la rebeldía en estos tiempos modernos. Adivina adivinador… no… menos… fíjate que no. Con ustedes la reina lagarto de estos días:

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¡Hey! Antes de que empieces a dejar de leer tu blog musical favorito con exagerada indignación piénsalo un momento. Qué otra estrella representa una postura abiertamente opuesta al “sistema” y a las reglas actuales del espectáculo y la vida. La otrora princesita del pop que arrancó suspiros, y sensaciones menos pueriles, vestida de colegiala inocente. La dulce niña que aseguraba llegar virgen al matrimonio, en fin la chica buena que, de repente, destruyó su prefabricada imagen en una vorágine de erradas acciones que acabaron por tumbar su reinado de ensueño cual castillo de naipes. Se casó en las vegas tras decenas de orgasmos desparramados por toda la ciudad. Empezó a salir con cuanta mala junta tocase su puerta y su cuarto. Enseñó la entrepierna ante el mundo entero, se hizo alcohólica, drogadicta, se rapó la blonda cabellera y lo más impensable para su estatus de Pop Star: ¡Engordó!

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 Britney ha destruido su carrera a punta de malos actos que incluyen un marido vividor y dos hijos que al parecer le resultan más accesorios que fruto de sus entrañas. En su regreso en los MTV Music Awards se le vio fuera de forma y bastante venida a menos. Esa imagen me hizo pensar en el buen Morrison subido de peso y con barba, exhalando los últimos minutos de su carrera. Y aunque resulta obvio que, por el lado musical, las comparaciones no existen de seguro el Rey Lagarto sonríe al ver a la oveja menos pensada tomando su negra corona de icono contracultural.

Britney Spears, nunca me has gustado tanto. Adoro tus rollitos que le hacen frente a la maldita imagen de perfección que se inculca entre tantas niñas alrededor del mundo. Prefiero ver tu imagen ebria litigando contra tu ex marido por la custodia de sus hijos a intoxicarme otra vez con un concierto masivo por salvar el medio ambiente. Gordita, eres la diosa que necesita el mundo del espectáculo para darle contrapeso a su lado hipócritamente rosa. Las palmas y las macanas de Tombo te las llevas tú por hacer lo que se te da en gana a la manera de los viejos forajas que, hastiados como yo, miraban en qué lugar tan aburrido se había convertido su mundo. Celebremos pues a Britney la nueva reina del viejo rock and roll… pero con una canción de The Doors.

 

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